Hemos tenido unos días lindos durante la última semana aquí en el suroeste de Inglaterra asique esta mañana salí en el jardín para ver como estaban las cosas después del tiempo feo que tuvimos antes durante el invierno. Algunas cosas todavía puedo hacer en el jardín - cosas que no precisan mucha fuerza y las otras cosas dejo para el jardinero - un hombre simpático que viene dos veces al mes para ayudarme con las cosas pesadas que ya no puedo hacer.
Mirando alrededor esta mañana tuve una sorpresa linda con algo que no había observado anteriormente. Hay una planta hermosa que tiene hojas de varios matices de verde. Pero lo que ví esta mañana que no había visto antes fue un color distinto que me llamó la atención. Cuando miré más cerca ví un racimo hermoso de bayas rojas, escondidos en parte por las hojas. Me hizo sonreír.
Me gusta cuando Dios nos llama la atención con algo inesperado. Y cuantas veces utiliza las cosas escondidas más que las cosas grandes y ostentosas. Tenemos la tendencia de mirar a las congregaciones grandes, el predicador o músico conocido cuando muchas veces Dios quiere hablarnos por medio de lo escondido e inesperado. No está necesariamente en el viento o el fuego o el espectáculo grande y ostentoso sino en la voz pequeña y silenciosa. Esperen a encontrar a Dios hoy en un lugar escondido y aparentamente insignificante.
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